Posteado por: Volunta-Ríos Aragón | 11 marzo 2015

Inundaciones en el Ebro. Entrevista a Alfredo Ollero, presidente del Centro Ibérico de Restauración Fluvial

Las intensas y persistentes precipitaciones, tanto en forma de lluvia como de nieve caídas a lo largo y ancho de la Cuenca del río Ebro en el último mes de febrero, han propiciado un importante aumento de los caudales, una crecida que ha generado importantes inundaciones en el tramo medio del río, siendo principalmente afectadas las provincias de Navarra y Zaragoza. Este tema ha sido protagonista en los principales medios de comunicación durante las últimas semanas, debido a la importancia de los daños causados y a la polémica que surge entorno a la prevención y gestión de estos fenómenos.

Ahora que las aguas vuelven a su cauce es hora de poner negro sobre blanco en esta cuestión y por ello en Ulûm hemos decidido contactar con uno de los mayores expertos del país en la materia, Alfredo Ollero, profesor titular en el departamento de geografía física y ordenación del territorio de la Universidad de Zaragoza, investigador en el Instituto de Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA) y actualmente presidente del Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIRF).

Ante todo muchísimas gracias por atendernos a pesar de la gran cantidad de trabajo que sabemos que tienes estos días. Comenzamos.

Julián Chaves: En primer lugar, ¿podrías explicar a nuestros lectores cual es el  mecanismo de estas avenidas y los principales procesos que en ellas ocurren?. Especialmente aquellos procesos que no son demasiado visibles  a simple vista.

Alfredo Ollero: Hay una gran cantidad de agua procedente de la precipitación y el deshielo que se va concentrando por los cauces. La corriente de agua va ganando en altura y velocidad hasta que se sale del cauce menor y desborda en el cauce mayor o llanura de inundación, si puede. Si no puede porque hay defensas sigue circulando con gran velocidad y fuerza y al mismo tiempo se inyecta en el acuífero que hay bajo el río, en las aguas subterráneas. Este acuífero se llena y el agua sale a superficie incluso en las zonas de la llanura de inundación más alejadas del cauce, por eso la inundación es muy extensa. Otro proceso que no se ve son los sedimentos gruesos, cantos y gravas, que se ponen a rodar y saltar con la fuerza de la crecida por el fondo del lecho. Cada piedra se moverá entre 200 m y 3 ó 4 km en cada crecida, y así va bajando también poco a poco hacia el mar. El fondo del cauce se excava ligeramente y cuando baja el caudal después de la crecida se rellena otra vez porque los sedimentos se quedan. Estos procesos son complejos y variables en cada punto del río, pero al final de la crecida todo queda bastante parecido a la situación anterior, salvo que se haya producido alguna erosión de orilla importante o alguna corta o cambio de trazado.

J.C: Se habla de caudales superiores a los 2000 m3/s, ¿supone esto una  crecida extraordinaria?, ¿cual suele ser la recurrencia de este tipo  de crecidas?, ¿cual ha sido la crecida más grande registrada?

A.O. La diferencia entre ordinaria y extraordinaria es una convención que se hizo para ciertos aspectos legales. La separación viene a estar entre los 5 y los 10 años de periodo de retorno de la crecida (es decir, crecidas que tienen entre un 20% y un 10% de probabilidad de ocurrencia cada año). En el Ebro medio este límite entre unas y otras puede estar en torno a los 2.200 m3/s. La crecida de estos días, de unos 2.500 m3/s, tendrá un periodo de retorno teórico de unos 10 ó 15 años. La más grande registrada en el Ebro medio fue la de enero de 1961, que superó los 4.000 m3/s. Probablemente fue mayor aún la de enero de 1871.

J.C. En la actualidad, ¿existen en la cuenca del Ebro diversos factores  antrópicos que puedan aumentar el daño provocado por las crecidas?

A.O Sí, hay más elementos humanos en la llanura de inundación: infraestructuras, viviendas, granjas, urbanizaciones ilegales, etc., por lo que hay más daños. La regulación de la crecida con los embalses rebaja la punta de crecida pero prolonga la inundación, con lo que hay más daños en la agricultura. Las defensas fallan mucho, de manera que allí donde el dique rompe o es superado los daños son mucho mayores.

J.C. Cuando hay crecida automáticamente se habla de lo “sucios” que están  los cauces y de la necesidad de dragar, “limpiar” y construir  barreras. ¿Que opinas al respecto?, ¿es beneficioso o perjudicial?,  ¿que implicaciones tiene esto ambiental, económica y socialmente?

A.O. Dragar es perjudicial para el río, un atentado medioambiental en toda regla, pero sobre todo es inútil y enormemente caro, ya que, por la propia dinámica de movilización de los sedimentos con caudales altos, habría que dragar todos los años . Es inútil porque no soluciona nada, la capacidad que se consigue es despreciable, y si se draga mucho puede ser muy peligroso, porque al romperse el fondo del lecho el río iniciará un proceso de erosión remontante, es decir, irá excavando hacia atrás, río arriba, y además podrá descalzar y colapsar orillas. Para que quepa dentro del cauce una crecida como la de estos días habría que abrir una zanja de por lo menos 10 metros de profundidad por 100 de anchura, una zanja que se iría rellenando y desplomando con cada subida de caudal. Sería ridículo y lamentable, y bajaría tanto el freático en verano que se secaría todo, por mucho que regasen. Socialmente me parece incomprensible que se defienda tanto esta medida cuando nunca dio resultado. Se dragó en 2010 y 2013 delante de los pueblos y ya se ha visto que en esta crecida el río está igual, fue tirar el dinero. Se dragaba en ocasiones en el pasado y ahí están las numerosas crecidas históricas demostrando que los daños eran igual de graves, no hay más que consultar las hemerotecas.

J.C. Otros hablan de construir embalses, ¿crees que hacen falta más embalses en España?

A.O. Somos uno de los países con más embalses del mundo. Son útiles para muchos aspectos aunque generen graves impactos en los ríos. Pero desde luego, justificar nuevos embalses para regular y laminar crecidas me parece insostenible. Por otro lado cuanto mayor es la crecida menos capacidad tienen los embalses, sobre todo si están llenos. Eliminan las crecidas pequeñas, pero con las grandes no pueden. Hay que buscar medidas de ordenación del territorio y convivir con el río.

J.C. ¿Qué soluciones nos ofrece la ciencia ante estos problemas? ¿cuales  son las principales líneas de investigación en este ámbito?

A.O. Desde la geomorfología fluvial y otras ciencias ambientales se trabaja mucho en el análisis, cuantificación y evaluación de impactos de las infraestructuras (embalses y defensas) en los ríos, en la valoración de los procesos hidromorfológicos y ecológicos y en la búsqueda de soluciones a la gestión de inundaciones desde la restauración fluvial. Las soluciones son de sentido común, fundamentalmente dar más espacio al río, es decir, imitar al río en sus sistemas de autorregulación. El mismo río es capaz de reducir su energía aguas abajo con los mecanismos de desbordamiento. Por tanto, vamos a promover el desbordamiento: cuanto más y mejor se desborde el río en algunas zonas, menos daño hará en otras. Lógicamente hay que tratar de defender los núcleos de población y para ello hay que dejar de defender los terrenos agrarios. Es ordenación del territorio, pura y dura.

J.C. Agricultores y habitantes de núcleos cercanos al río son los  principales afectados, está claro que quizás se hayan asumido muchos  riesgos instalando infraestructuras demasiado cerca desde hace mucho tiempo, pero, ante la imposibilidad de trasladarlas a sitio más  seguro, ¿que podríamos hacer para minimizar sus perjuicios?, ¿que  mensaje le mandarías a estos colectivos?

A.O. Los ribereños fuimos más prudentes en el pasado. En las últimas décadas nos hemos metido más en el río por exceso de confianza en las defensas y embalses, tanto en áreas rurales como urbanas. Como he dicho antes, hay que primar la seguridad de las personas. Por tanto, hay que defender los pueblos y dar más espacio al río enfrente o aguas arriba de cada pueblo, echando las defensas hacia atrás, alejándolas del cauce menor. Así quedarán sin proteger (lo de la protección es muy relativo, los diques fallan mucho) terrenos de cultivo para los que pueden contemplarse varias posibilidades: expropiación, compra, permuta o seguir cultivando protegidos por un seguro. Todos los municipios afectados deberían ser declarados territorio-riesgo, obteniendo por ello compensaciones económicas, rebajas fiscales, refuerzo de servicios, etc. A los colectivos afectados les animaría a luchar por estos beneficios y a que dejen de demandar un dragado inútil que no va a reducir en absoluto el peligro.

J.C. ¿Qué opinión te merecen las políticas llevadas a cabo en los  últimos años en cuanto a la gestión de los ríos?

A.O. Los ríos están en bastante mal estado después de décadas de deterioro. La regulación y la ocupación de su espacio han destruido los ríos como ecosistemas. Desde la restauración fluvial, y en concreto desde el Centro Ibérico de Restauración Fluvial, que en este momento presido, luchamos por revertir esta situación, fundamentalmente con iniciativas formativas y divulgativas. Hay que comenzar por cambiar la forma de ver los ríos por parte de la sociedad, es muy necesario y urgente.

J.C. ¿Crees que existe suficiente información en la población sobre  estos fenómenos?, ¿que te parece el tratamiento de estas noticias por  parte de los medios de comunicación?

A.O. Hay mucha información científica y técnica pero no llega a la población. Hay muy buenos divulgadores y periodistas ambientales que podrían hacer una gran labor, pero no se llega a los medios principales porque no interesa. Solo interesa cuando viene una crecida espectacular, pero por sensacionalismo, sin ningún esfuerzo por enseñar y concienciar. Lamentablemente la mayor parte de nuestra sociedad no se interesa por temas científicos o técnicos, sino que básicamente está delante de la tele. Es un problema educacional y cultural que repercute en este y en muchos otros aspectos.

J.C. Quizás muchos de nuestros lectores no estén familiarizados con el  término “restauración fluvial”, materia de la cual tu eres  especialista, ¿podrías explicar que significa a grandes rasgos?, ¿cual  es su importancia para la sociedad?

A.O. La restauración fluvial consiste en tratar de curar las enfermedades de nuestros ríos, primero quitándoles en la medida de lo posible las presiones e impactos que sufren y a continuación poniéndoles un tratamiento con medidas a veces pasivas (proteger el río y dejar que trabaje solo) o bien activas (ayudando al río). Ejemplos de restauración fluvial son derribar presas que ya no se utilizan, devolver todo el espacio posible al río para que desarrolle bien todos sus procesos y funciones, desencauzar y descanalizar tramos, aportar caudales ambientales y sedimentos, ayudar al desarrollo de la vegetación de ribera y a la formación de hábitats, eliminar especies invasoras, etc. Si logramos la salud del río contribuimos a la salud y bienestar de las personas, pues un río en buen estado nos da muchos beneficios. Con la restauración fluvial conseguimos también un río menos peligroso, que se autorregula y funciona mejor, por eso la restauración fluvial es una herramienta fundamental para la gestión de inundaciones.

J.C. ¿Qué países se están tomando esto de la restauración fluvial más en serio?, tengo entendido que en USA hay mucho avanzado en esta cuestión, pero me queda la duda si la UE está haciendo cosas o si otros países andan en la misma senda.

A.O. La restauración fluvial tiene mucha tradición en Estados Unidos, donde hay muchas iniciativas locales con voluntariado. En Europa hay proyectos muy interesantes desde los años 90, principalmente descanalizaciones de ríos en Reino Unido, Suiza, Holanda y Dinamarca. En Francia y Alemania es donde más se ha avanzado en devolver espacio a los ríos. Y en ámbitos urbanos es muy destacable la restauración del río Isar en Munich. En España se está avanzando en la última década, destacando el derribo de presas obsoletas, ya unas 200, principalmente en la cornisa cantábrica y en la cuenca del Duero.

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